Luego de el fracaso de los Nazis, a todos los judios sobrevivientes se los convoco para que pudieran hacer sus denuncias en un mismo lugar.
- Hola, ¿Quiere el premio? - dijo Josué acercándose a un hombre que estaba a su lado.
- ¿Quién sos, pequeño ñiño?
- Yo ya lo gané, te lo presto si queres.
- No entiendo, discúlpame, ¿Sos judío no? ¿Ese número en tu brazo?, ¿Donde esta tu papá?
- Si, soy judío, este número me lo hicieron en el campo de juegos para saber que jugador soy, y mi papá se hizo muy amigo de uno de los que hacían los juegos así que se fue un tiempo con el, mi mamá esta allá haciendo algo con unos papeles - dijo Josué, en el momento que tuvo que hablar de su padre, el tono de su voz había bajado.
- Ya veo, no sabes la vedad.
- ¿Qué no se?
- No se de que premio estas hablando, pero el único premio que veo que tengas es seguir estando con vida junto a tu mamá.
- !Yo me gané el tanque! Papá me dijo que ese era el premio mas grande.
- No estuviste en un campo de juego, estuviste en un lugar donde mataban a muchos como nosotros.
- !Mentira! - gritó Josué muy enojado, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Niño tonto, estuviste a punto de morir y estas feliz por un juego.
- !Mentiroso! Es mentira - y Josué se fue corriendo con su madre que ya estaba terminando con el trámite, y asi pasaron los años, y a Josué le contaron la verdad una y otra vez, pero nunca quiso aceptarla.
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