Era otro día mas en el pueblo, no era mas que otro día igual que todos, con
las calles de tierra, los mismos vecinos, el aire era pesado, ni una nube en el
cielo y el sol pegaba contra el piso. Me habían llamado para una entrevista de
trabajo a no muchos kilómetros de allí.
A la mañana siguiente partí de inmediato hacia el lugar donde me harían la
entrevista, estaba ansiosa, necesitaba ese trabajo, aunque no sé por qué aquel
día sentía que algo iba a salir mal.
Cuando llegué, me encontré en una
gran oficina. Nunca antes había visto algo parecido: tenía grandes ventanas en
las paredes, escritorios blancos uno al lado de otro y muchísimas máquinas una
detrás de otra. Rara vez en esa oficina podía verse algo desordenado. Pero, sin
embargo, aquel día fijé toda mi atención en una sola sala; estaba en una esquina
apartada del resto, todas eran unas cabinas hechas con vidrio, pero ésta tenía todas sus paredes de cemento sin
pintar, era como si aquella pequeña porción de todo el edificio nunca se
hubiera terminado. Me hicieron pasar a una de las salas del fondo de la
habitación, me preguntaron un par de cosas y me dijeron que tenía el trabajo.
Este consistía en escribir todos los datos de la gente que había fallecido
recientemente.
Un día llegó una planilla en blanco a la cual nadie le dio importancia. De
repente mi jefe me dijo:
-Copia el número
que te voy a dictar en una hoja, es urgente y muy importante.
Y yo agarré la planilla en blanco que
estaba sobre mi escritorio y comencé a escribir todos los números que él me
dictaba.
-Listo- contesté.
-Ese es el número
de un cliente muy importante que nos llamó esta mañana, necesito que lo llames y
le preguntes por los datos que necesita.
En ese mismo momento agarré el
teléfono y comencé a marcar Cuando llegué a marcar el tercer número, los
números desaparecieron de la planilla, y en su lugar apareció una oración con
pequeñas letras que decía; “no lo hagas”. En ese preciso momento se me paralizó
el corazón e intenté convencerme a mí misma de que lo que había visto había sido
una ilusión. Ese día no llamé al cliente y a la tarde el hombre apareció en las
noticias; era un estafador que se
dedicaba a poner en ruina a cualquier empresa que contactara con él. La hoja me
había avisado, me dijo que no lo llamara, salvó a la empresa, sabía lo que iba
a pasar, pudo decirme el futuro. Nunca nadie me creyó, ni quiso oírme, pero lo
que pasó aquel día nadie es capaz de explicarlo, ni siquiera es capaz la
ciencia. Es el día de hoy que aún conservo la planilla esperando el día que en otra
vez me hable, quiero saber quién está del otro lado.