Dentro de la cueva
Eran como las dos de la mañana, estaba cansada y si rumbo a donde ir. Me preguntaba qué había pasado con los otros estudiantes, supongo que habrán seguido cada uno con su propio camino. Recuerdo con cada detalle el accidente, fui la primera que pasó por ese estrecho puente, primero se escucharon como, unas pequeñas grietas al final del camino comenzaron a quebrarse poco a poco; Luego todos caímos gritando hasta lo más profundo de esa cueva.
Aún sigo agitada, con el sonido de mis palpitaciones en mi garganta. Dudo que algún día pueda volver a ver la luz del sol en la mañana. Es una cueva horrible, se encuentra a unos diez metros bajo la tierra, fue encontrada por arqueólogos en busca de restos fósiles. Nuestro viaje de estudio consistía en poder observarla con todo detalle.
- ¡Hola! - ¡Necesito ayuda! - dijo una voz a lo lejos
Estaba aterrorizada no sabía si responder o quedarme callada.
- !Hola¡ - grité amorizada. Era raro poder encontrar allí alguna señal de vida.
- !Necesito ayuda! ¡Por favor! ¡No te voy a hacer nada! , mi pierna está trabada con una piedra.
Dios mío, mi compañera de viaje, nunca había estado tan feliz.
- Espera, la piedra está muy pesada necesito ayuda.
- Por favor, no se cuanto más voy a poder aguantar.
- Ya está, tu pierna está bien, solamente tiene un par de raspones.
Ya estábamos en camino a buscar a los otros. La cueva cada vez era mas aterradora, la humedad brotaba de las paredes, en ellas se reflejaba una mínima luz que nos permitía ver bichos parecidos a pequeñas cucarachas y telarañas. Corríamos, sentíamos cómo el aliento frío recorría nuestras gargantas. A lo lejos podíamos ver cómo unos ojos resplandecían en la oscuridad. A medida que nos acercábamos se podía oír cómo eso respiraba agitadamente.
En la cara de mi compañera era notable el temor que tenía. Al llegar, pudimos ver un animal raro y sin igual. Sus dientes afilados y sus ojos brillantes nos daban a mi compañera y a mi una sensación horripilante. El extraño animal intentó mordernos, pero nosotras pudimos esquivarlo rápidamente. Entonces, agarramos una piedra frente a nosotras y con ella pudimos ahuyentarlo.
- Mira - dijo mi compañera.
- Dios mio, es hermoso, jamás vi una cosa tan hermosa en toda mi vida.
Era una catarata cristalina, con aguas dulces y limpias.
- Podríamos quedarnos aquí- comentó mi amiga.
- No- refuté.
- ¿Por qué?, aquí tenemos todo lo que necesitamos.
- No podemos dejar a los demás abandonados, seguramente hay más sobrevivientes.