miércoles, 14 de noviembre de 2012

La noticia periodística


New Times - 2 de Septiembre de 1651

Un barco Naufragó
                El famoso barco “Humber” se hundió durante  una poderosa tormenta en el día de ayer, con tres hombres a bordo.


En el día de ayer el reconocido barco “Humber” se hundió con tres hombres a bordo del mismo. El hundimiento se debió  a una terrible tormenta que comenzó del lado sur.
                Uno de los sobrevivientes nos dijo: “Yo estaba en mi camarote, y nunca en toda mi vida había visto al capitán tan alterado, corría de su camarote a cubierta muy desesperado, y rogando al cielo”.
                Según los testimonios, la tormenta no fue lo que hundió completamente al barco, sino que fueron las olas ocasionadas por la misma. Los investigadores nos confirman que eran tan fuertes que pudieron romper una de las tablas de madera principales, lo que habría ocasionado, el desastre. Se estima que esa fuerte barra de madera se encontrara en mal estado.
Afortunadamente  todos  sus pasajeros están ilesos gracias a que un navío que había partido tiempo antes que ellos, envió un barco de rescate que salvó a cada uno de los pasajeros.
                En este momento el gran navío se encuentra hundido en el lado Este de las costas de Londres.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Continuación de la historia interminable


Cairón, un héroe memorable

                Era ya muy tarde cuando Cairón, un centauro de cabellos largos y blancos, y gran barba regresaba de un largo viaje. No mucho tiempo después de haber llegado, unos golpes estruendosos y fuertes resonaban en su puerta.
—     ¿Quién llama? — preguntó con mucha cautela.
—     No podemos decir nuestros nombres, solo que tenemos una encomienda enviada desde la Torre de Marfil.
—     Entonces hablen, no tengo mucho tiempo.
—     ¿Se encuentra Cairón el centauro aquí? — susurro la voz detrás de aquella enorme puerta de madera.
—     Habla el mismo — respondió Cairón con cierta rudeza.
—     Se lo solicita de inmediato en la Torre de Marfil, no hay tiempo de espera, es urgente.

                Desde ese momento Cairón sin emitir ni la más mínima palabra, tomó su bolso con algunas provisiones y partió de inmediato.  El viaje se tornó extenso, parecía que no tendría fin.
                Finalmente cuando logró llegar, le informaron de que trataba la misión.

—     Ya es momento de que usted sepa el ¿Porqué? Está aquí — dijo el guardia.
—     Bien, porque no habré de  esperar ni un minuto más.
—     Se lo convocó porque la emperatriz está muy enferma y no encontramos una cura, se cree que usted puede encontrarla.
—     Lo intentaré.

                Luego de un largo tiempo ya con gente en los balcones del palacio, Cairón salió del dormitorio de la Emperatriz Infantil con mucha angustia.  Rara vez no solucionaba un problema pero parecía que este lo había superado. Con todas sus fuerzas de voluntad informó a todo aquel
que estuviera allí que la Emperatriz no tenía una enfermedad común y que él no podría curarla.
               
                Por este motivo la Emperatriz le otorgó un collar con una gran joya que estaba conformada por dos serpientes mordiéndose mutuamente la cola, esta no era llamada de una manera sino que se la llamaba de varias formas, algunos le decían Auryin, y otros el Esplendor. Era un collar que tenía el poder de guiar y ayudar a quien lo portara.
                Cairón tenía la encomienda de buscar a un héroe llamado Atreyu para que utilizara el Esplendor para poder conseguir la cura a la Emperatriz Infantil.
                Al comenzar su viaje no descansó ni un segundo, corrió, corrió y corrió sin importar las consecuencias, por donde pasaba e incluso tampoco le importó con quien se topaba. Finalmente pudo encontrar a Atreyu quien aceptó la misión y pudo conseguirla, pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión. Cairón, exhausto por su largo y agotador viaje, decidió volver a su pueblo, pero en el camino se perdió, parecía una pesadilla interminable. Era como dar vueltas y siempre volver al inicio de su destino que no seguía era siempre lo mismo, de principio a fin sucesivamente. Hasta que finalmente se encontró en un pueblo.
               
                Eran las tierras ruidosas. Todos sus habitantes eran notas que, al hablar, emitían canciones, en ese momento se creía que una nota que al   hablar no emitía sonido moriría solo y en poco tiempo, ya que nadie podía acompañar a otras notas sin sonido, eran consideradas como una maldición. Aunque Cairón nunca lo vio de esa manera, de repente halló a una de esas famosas notas sin voz, su nombre era Recté, estaba sola en una esquina. Cairón al ver tanta tristeza en la cara de la pobre criatura, le ofreció su ayuda.

—     Hola, yo soy Cairón, te ofrezco mi ayuda para recuperar tu voz.

                Y la nota no respondió, solamente hizo un gesto de agradecimiento que se mezcló con algo de angustia y a la vez felicidad. Ambos comenzaron su recorrido, habían ya recorrido gran parte de Fantasía, habían conocido cada rincón de cada lugar, pero había algo que los acechaba; hacía un tiempo había un rumor de que una “nada” lo estaba destruyendo todo, esos rumores se convirtieron en verdades, y ellos aún no sabían nada de que el peor enemigo de todos los estaba acechando, pronto llegaría su fin.
               
                Al poco tiempo oyeron hablar de un increíble curandero que vivía en las afueras de Fantasía donde ningún ser había llegado nunca. Al ser esta su única opción, Cairón y la nota recorrieron a tal punto Fantasía que ya eran conocidos por casi todo ser.
               
                Luego de días y días de viaje, llegaron a las montañas solitarias, todo era tan deprimente que no podían avanzar ni un solo paso más, después de mucho esfuerzo se encontraba en una cueva dentro de las montañas, donde comenzaron a oír un zumbido, era Yargamúl el peor de las bestias, quien los atacó sin piedad. Recibieron mordeduras en todo el cuerpo y el veneno no tardaría en hacer efecto. Recté y Cairón se miraron fijamente uno al otro como si ese fuera el fin de todo.

—     Desearía estar junto al curandero — exclamó Cairón, quien se quedó sin palabras al ver que a su alrededor ya no estaba en la cueva sino en las afueras de Fantasía.

                Pero habían olvidado un detalle, nadie podía ver al curandero, era como que si alguien necesitaba de él, no podías verlo. Cuando se necesitaba algo que no correspondía a él, sí; pero hasta ese entonces, nadie lo había visto. Ya estando con su último aliento, al borde de la muerte, sin ninguna esperanza, vieron una mano esquelética que se acercaba hacia ellos.
               
                Tiempo después despertaron sorprendidos ya que creyeron que estaban muertos, pero al observar bien, pudieron ver a un anciano preparando una mezcla, que se acercó y se la dio a Recté. En ese mismo instante, Recté emitió una canción. Estaba curada y todas las heridas de Cairón habían sanado. Aquel anciano era el curandero.
              
Al volver al pueblo, Recté y Cairón se hicieron famosos por conocer al curandero que nunca podía ser visto. Recté, como todas las notas musicales sin voz, ya no fueron tomadas como una maldición sino que se las trató mucho mejor. Y de Cairón no se sabe mucho más ya que huyó muy lejos cuando la nada fue destruida. Desde entonces no se sabe más nada sobre él.