miércoles, 17 de julio de 2013

Del otro lado


Era otro día mas en el pueblo, no era mas que otro día igual que todos, con las calles de tierra, los mismos vecinos, el aire era pesado, ni una nube en el cielo y el sol pegaba contra el piso. Me habían llamado para una entrevista de trabajo a no muchos kilómetros de allí.
A la mañana siguiente partí de inmediato hacia el lugar donde me harían la entrevista, estaba ansiosa, necesitaba ese trabajo, aunque no sé por qué aquel día sentía que algo iba a salir mal.
 Cuando llegué, me encontré en una gran oficina. Nunca antes había visto algo parecido: tenía grandes ventanas en las paredes, escritorios blancos uno al lado de otro y muchísimas máquinas una detrás de otra. Rara vez en esa oficina podía verse algo desordenado. Pero, sin embargo, aquel día fijé toda mi atención en una sola sala; estaba en una esquina apartada del resto, todas eran unas cabinas hechas con vidrio, pero ésta  tenía todas sus paredes de cemento sin pintar, era como si aquella pequeña porción de todo el edificio nunca se hubiera terminado. Me hicieron pasar a una de las salas del fondo de la habitación, me preguntaron un par de cosas y me dijeron que tenía el trabajo. Este consistía en escribir todos los datos de la gente que había fallecido recientemente.
Un día llegó una planilla en blanco a la cual nadie le dio importancia. De repente mi jefe me dijo:
-Copia el número que te voy a dictar en una hoja, es urgente y muy importante.
 Y yo agarré la planilla en blanco que estaba sobre mi escritorio y comencé a escribir todos los números que él me dictaba.
-Listo- contesté.
-Ese es el número de un cliente muy importante que nos llamó esta mañana, necesito que lo llames y le preguntes por los datos que necesita.

 En ese mismo momento agarré el teléfono y comencé a marcar Cuando llegué a marcar el tercer número, los números desaparecieron de la planilla, y en su lugar apareció una oración con pequeñas letras que decía; “no lo hagas”. En ese preciso momento se me paralizó el corazón e intenté convencerme a mí misma de que lo que había visto había sido una ilusión. Ese día no llamé al cliente y a la tarde el hombre apareció en las noticias; era un  estafador que se dedicaba a poner en ruina a cualquier empresa que contactara con él. La hoja me había avisado, me dijo que no lo llamara, salvó a la empresa, sabía lo que iba a pasar, pudo decirme el futuro. Nunca nadie me creyó, ni quiso oírme, pero lo que pasó aquel día nadie es capaz de explicarlo, ni siquiera es capaz la ciencia. Es el día de hoy que aún conservo la planilla esperando el día que en otra vez me hable, quiero saber quién está del otro lado. 

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