Cairón, un
héroe memorable
Era
ya muy tarde cuando Cairón, un centauro de cabellos largos y blancos, y gran barba
regresaba de un largo viaje. No mucho tiempo después de haber llegado, unos
golpes estruendosos y fuertes resonaban en su puerta.
—
¿Quién llama? — preguntó con mucha cautela.
—
No podemos decir nuestros nombres, solo que
tenemos una encomienda enviada desde la Torre de Marfil.
—
Entonces hablen, no tengo mucho tiempo.
—
¿Se encuentra Cairón el centauro aquí? — susurro
la voz detrás de aquella enorme puerta de madera.
—
Habla el mismo — respondió Cairón con cierta
rudeza.
—
Se lo solicita de inmediato en la Torre de
Marfil, no hay tiempo de espera, es urgente.
Desde ese
momento Cairón sin emitir ni la más mínima palabra, tomó su bolso con algunas
provisiones y partió de inmediato. El viaje
se tornó extenso, parecía que no tendría fin.
Finalmente
cuando logró llegar, le informaron de que trataba la misión.
—
Ya es momento de que usted sepa el ¿Porqué? Está
aquí — dijo el guardia.
—
Bien, porque no habré de esperar ni un minuto más.
—
Se lo convocó porque la emperatriz está muy
enferma y no encontramos una cura, se cree que usted puede encontrarla.
—
Lo intentaré.
Luego de un
largo tiempo ya con gente en los balcones del palacio, Cairón salió del
dormitorio de la Emperatriz Infantil con mucha angustia. Rara vez no solucionaba un problema pero
parecía que este lo había superado. Con todas sus fuerzas de voluntad informó a
todo aquel
que estuviera allí que la Emperatriz no tenía una enfermedad común
y que él no podría curarla.
Por este
motivo la Emperatriz le otorgó un collar con una gran joya que estaba
conformada por dos serpientes mordiéndose mutuamente la cola, esta no era
llamada de una manera sino que se la llamaba de varias formas, algunos le
decían Auryin, y otros el Esplendor. Era un collar que tenía el poder de guiar
y ayudar a quien lo portara.
Cairón
tenía la encomienda de buscar a un héroe llamado Atreyu para que utilizara el Esplendor
para poder conseguir la cura a la Emperatriz Infantil.
Al comenzar
su viaje no descansó ni un segundo, corrió, corrió y corrió sin importar las
consecuencias, por donde pasaba e incluso tampoco le importó con quien se
topaba. Finalmente pudo encontrar a Atreyu quien aceptó la misión y pudo
conseguirla, pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.
Cairón, exhausto por su largo y agotador viaje, decidió volver a su pueblo,
pero en el camino se perdió, parecía una pesadilla interminable. Era como dar
vueltas y siempre volver al inicio de su destino que no seguía era siempre lo
mismo, de principio a fin sucesivamente. Hasta que finalmente se encontró en un
pueblo.
Eran las
tierras ruidosas. Todos sus habitantes eran notas que, al hablar, emitían
canciones, en ese momento se creía que una nota que al hablar no emitía sonido moriría solo y en
poco tiempo, ya que nadie podía acompañar a otras notas sin sonido, eran
consideradas como una maldición. Aunque Cairón nunca lo vio de esa manera, de
repente halló a una de esas famosas notas sin voz, su nombre era Recté, estaba
sola en una esquina. Cairón al ver tanta tristeza en la cara de la pobre
criatura, le ofreció su ayuda.
—
Hola, yo soy Cairón, te ofrezco mi ayuda para recuperar
tu voz.
Y la nota
no respondió, solamente hizo un gesto de agradecimiento que se mezcló con algo
de angustia y a la vez felicidad. Ambos comenzaron su recorrido, habían ya
recorrido gran parte de Fantasía, habían conocido cada rincón de cada lugar,
pero había algo que los acechaba; hacía un tiempo había un rumor de que una
“nada” lo estaba destruyendo todo, esos rumores se convirtieron en verdades, y
ellos aún no sabían nada de que el peor enemigo de todos los estaba acechando,
pronto llegaría su fin.
Al poco
tiempo oyeron hablar de un increíble curandero que vivía en las afueras de
Fantasía donde ningún ser había llegado nunca. Al ser esta su única opción,
Cairón y la nota recorrieron a tal punto Fantasía que ya eran conocidos por
casi todo ser.
Luego de
días y días de viaje, llegaron a las montañas solitarias, todo era tan
deprimente que no podían avanzar ni un solo paso más, después de mucho esfuerzo
se encontraba en una cueva dentro de las montañas, donde comenzaron a oír un
zumbido, era Yargamúl el peor de las bestias, quien los atacó sin piedad.
Recibieron mordeduras en todo el cuerpo y el veneno no tardaría en hacer
efecto. Recté y Cairón se miraron fijamente uno al otro como si ese fuera el
fin de todo.
—
Desearía estar junto al curandero — exclamó
Cairón, quien se quedó sin palabras al ver que a su alrededor ya no estaba en
la cueva sino en las afueras de Fantasía.
Pero habían
olvidado un detalle, nadie podía ver al curandero, era como que si alguien
necesitaba de él, no podías verlo. Cuando se necesitaba algo que no
correspondía a él, sí; pero hasta ese entonces, nadie lo había visto. Ya
estando con su último aliento, al borde de la muerte, sin ninguna esperanza,
vieron una mano esquelética que se acercaba hacia ellos.
Tiempo
después despertaron sorprendidos ya que creyeron que estaban muertos, pero al
observar bien, pudieron ver a un anciano preparando una mezcla, que se acercó y
se la dio a Recté. En ese mismo instante, Recté emitió una canción. Estaba
curada y todas las heridas de Cairón habían sanado. Aquel anciano era el
curandero.
Al
volver al pueblo, Recté y Cairón se hicieron famosos por conocer al curandero
que nunca podía ser visto. Recté, como todas las notas musicales sin voz, ya no
fueron tomadas como una maldición sino que se las trató mucho mejor. Y de
Cairón no se sabe mucho más ya que huyó muy lejos cuando la nada fue destruida.
Desde entonces no se sabe más nada sobre él.
Excelente, María Sol!
ResponderEliminar